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La trufa negra del Maestrazgo

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Quizás si pudieran tallarse se venderían cual diamantes para los más lujosos conjuntos de joyería. Hablamos de las trufas negras del Maestrazgo, suculentas piezas alimenticias, caras y codiciadas, que nos concede la tierra de nuestra propia comunidad.

Trufas

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Dentro de la gran variedad que ofrece el hongo – unas 30 variedades en Europa y unas 70 a nivel mundial – destacan, por su calidad y su cualidad aromática, la Trufa Blanca (tuber magnatum) y la Trufa Negra o de Périgord (tuber melanosporum). Esta última especie convierte Castellón en uno de los grandes paraísos truferos.

No en vano otorgan los suelos del Maestrazgo las condiciones más idóneas para el crecimiento del hongo: cierta altitud, terrenos calizos y soleados, temperatura adecuada y un manto de encinas, avellanos, robles y tilos, a cuyas raíces se asocian.

La trufa que crece en estas tierras es de color negruzco, tiene una forma totalmente irregular y superficie rugosa. Su tamaño es muy variado y su interior carnoso tiende a ser blanquecino en la piel y marrón en su corazón.

Presenta el hongo una enorme versatilidad a la hora de su preparación culinaria y se puede emplear tanto en guisos, carnes estofadas, patés, fiambres y rellenos varios, como cruda acompañando ensaladas.

Según mantienen los expertos el aroma y el sabor de la trufa no siempre son iguales, sino que cada hongo viene marcado por el hábitat, las condiciones meteorológicas, la cantidad de lluvia que haya recibido y el árbol con el que haya vivido en simbiosis. Estas cualidades justifican sus astronómicos precios que llegar a rondar los 550 € por kilogramo.

Y, precisamente, esta joya de la naturaleza nace y crece al amparo de las comarcas del Maestrazgo. Aunque la época de recolección dio por finaliza en marzo, ya saben que el próximo año tienen una cita ineludible con el apreciado hongo.

Foto vía: peatom.info

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